sábado, 14 de enero de 2012

EL ESPECTACULO MÁS BELLO DEL MUNDO

Mirada brillante en ojos de deseo. La boca se humedece. Calor. Mucho calor.
La blusa se divierte con el ritmo lento de los botones. El pantalón no quiere jugar y la cremallera no ofrece resistencia a las manos expertas.
Un suave beso en el lóbulo de la oreja, un susurro con voz grave al oído que lo oye y pero ya no lo escucha.
Las manos delicadas, ya acarician, saltándose las normas y concendiéndose el permiso. La respiración se vuelve fuerte.
De repente, un cálido dedo prueba los labios, como la lengua al dedo. Y el dedo huye al sur, descendiendo por el pecho y sus rotondas pero desapareciendo por el camino. Todo el cuerpo queda a la espera, preparado y a la expectativa. 
Los ojos cerrados escuchan la piel erizarse cuando unos labios juegan cerca del ombligo. La mente se va cuando vuelve el dedo, subiendo por el interior del muslo. Su lentitud convierte el cuerpo en un recipiente de millones de microburbujas chocando violentamente entre sí. 
La respiración se entrecorta cuando el dedo deja de serlo y se pierde entre lo muslos. La musculatura de la espalda se tensa, electrificando toda la columna en corriente ascendente, haciendo que las manos se llenen de sábanas estrujadas.
Entonces, el cuerpo se estremece, la espalda se estira ferozmente, las piernas se agitan incontroladas y la respiración cesa. Los ojos se aprietan cuando todas las burbujas estallan a la vez llenando el cuerpo de luz invisible. Es el trance del placer. Es el espectáculo más bello del mundo.
Los dientes liberan el labio inferior para volver a respirar y gemir. Es la entrega al deseo. Ese es el final. Y es el principio: vuelve lentamente el cuerpo, la luz, la vida. Todo es mejor.